Hermano Ray

Su nombre de pila es Raymond Schambach. A partir del 1 de junio de 2001, a los 49 años de edad, fue ordenado sacerdote de Cristo con el nombre de Sandalio María. Las puertas centrales de la Catedral de Bogotá se abrieron para recibirlo a él, a este hombre profundamente humano de espíritu humilde y grande a la vez. Le acompañaron en este hermoso acontecimiento todos sus familiares, amigos, colaboradores, hermanos, jóvenes, niños, ancianos, de todos los estratos sociales. ¿Quién a los 22 años tiene el coraje de romper con los valores convencionales de la sociedad y seguir el dictado de su corazón?

¿Quién se atreve a dejar su casa, sus amigos, su novia, sus estudios universitarios y, como San Francisco de Asís, dedicar su vida a los más pobres de los pobres? Ray tuvo el valor de hacerlo y de aceptar que “no hay imposibles” cuando se camina tomado de la mano de Dios.

Cuando se mira al mundo desde los ojos de Dios, la perspectiva de la vida cambia totalmente. Aceptar que Dios se ocupa de cubrir las necesidades de aquellos que se ponen enteramente en sus manos es un acto de fe inconmensurable que no cualquiera es capaz de profesar. Madre Teresa dijo: “¡Si Cristo está en el hombre, es cada hombre!” Lo mismo siente y mira el padre Sandalio María.

Madre Teresa y Ray fueron muy amigos. Compartieron una misma visión de su vocación.

Conocí a la familia Schambach cuando vivió en Guatemala, a finales de los años 60. Tenía una casa amplia, al final de la Avenida de Las Américas, en la zona 14. Don Roland, su papá, era norteamericano’ Doña María Josefa Garcés (Pepita), su madre, provenía de una familia muy respetada en Cali, Colombia. Recuerdo que era una familia muy cálida, religiosa, generosa y alegre. En este ambiente Ray recibió las primeras semillas de amor, disciplina, compasión y sensibilidad humana.

Ray se graduó de bachiller en el Liceo Javier. Era un joven apuesto y muy popular. A los pocos años la familia regresó a Colombia.

En Bogotá continuó la carrera de medicina, que había iniciado en Estados Unidos. Ingresó en la Universidad Javeriana. En 1974 se hizo voluntario de una organización humanitaria y visitaba un albergue infantil que quedaba rumbo a esa casa de estudios. Los niños, que oscilaban entre las edades de 2 a 14 años, habían sido rescatados de las calles y se encariñaron con él profundamente.

Un día, los niños fueron a buscarlo a su casa para pedirle que se fuera a vivir con ellos, porque el hogar donde vivían tendría que cerrarse, sus promotores no podían seguir atendiéndolo. ¡Qué sorpresa para este joven estudiante de medicina! ¡Esta situación estaba fuera de sus planes de vida, de su carrera, de su futuro matrimonio, de todo!

En medio de una confusión de sentimientos, Raymond Schambach tomó la decisión y se embarcó en una aventura que desconocía. Dejó a un lado las aguas tranquilas de su vida para lanzarse al mar, sin tierra a la vista, en una frágil embarcación con 17 niños a bordo. Sin embargo, en la medida que pasó el tiempo, vislumbró una luz en el horizonte y ésta le guió para encontrar su verdadero destino.

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